viernes, 27 de marzo de 2015

RELATO "CUMPLEAÑOS BISIESTO"


CUMPLEAÑOS BISIESTO

Se acerca el día. Ya llega. Es especial.

Se acerca mi cumpleaños.

Se supone que todos los cumpleaños son especiales, que todos son únicos, porque sólo los vas a vivir una vez, pero el mío, pienso, es aún más especial.

Soy bisiesto, así que sólo los cumplo una vez cada cuatro años.

Sí, es una putada.

Pero, como no me gusta saltarme ninguna de mis celebraciones, me paso todo el santo año preparando un evento especial, sólo para mí, un festejo muy especial para mi particular efemérides.

Procuro no saltar y contenerme, y voy anotando en una libreta todas aquellas personas que me molestan, que me insultan, que me desprecian, o que, simplemente, me han agraviado de alguna manera.

Los estudio durante todo el año. Los sigo. Los investigo. Me adhiero a ellos como una lapa, pero de una manera muy discreta, que no sepan que tienen una gárgola que los vigila desde las sombras, mudo pero atento a todos los detalles.

Entonces elijo una semana, la última de febrero y la primera de marzo, esos siete días a caballo entre los dos meses, y me dedico a ajustar cuentas con todos ellos. No me importan si están casados, solteros, viudos, o de cualquier otra manera.

Un lazo al cuello. Una cafetera que produce un inoportuno cortocircuito. Un atropello mortal. Una reacción alérgica durante el sueño. Un suicidio. O, simplemente, a golpes, con mis manos desnudas, o estrangulándolos hasta que escucho las vértebras estallar en crujidos bajo la presión de mis dedos.


Es mi método favorito, lo reconozco. La intimidad que te dan las manos no te lo da nada.

Bueno, sí. Mi segundo método favorito.

Vlad.

Es mi machete, una enorme hoja tipo kukri a la que llamo así por Vlad I Tepes Drácula de Transilvania. Se sabe que el Empalador era un magnífico tirador de esgrima, así como un fiero guerrero en el campo de batalla, el cual infundía valor a sus tropas con el mero ejemplo de sus hazañas en la batalla... y porque empalaba a los cobardes o a los que no combatían con el suficiente brío.

Bueno, vale. También la llamo así porque bebe mucha, muchísima sangre.

En ocasiones, este pulso, este orgasmo de la sangre que me posee se vuelve tan incontenible que me veo obligado a actuar antes. No tengo ninguna voz en mi cabeza que me impele a hacerlo, ni los alienígenas me hablan por microondas desde el espacio exterior, ni nada de eso.

Hago lo que quiero, porque quiero, cuando quiero, y porque lo quiero.

Eso tiene a la policía completamente desconcertada. No saben quién soy, pero sí ven mis obras, aunque sólo ven un cuadro de la exposición, no toda la muestra en global. De ese modo, tengo mil motes y ninguno cierto del todo.

También disfruto acercándome a ver las escenas de mis crímenes. Es divertido ver a la policía trabajar en el lugar de los hechos, con los cuerpos aún en caliente, o en frío si ya ha pasado tiempo. Aún recuerdo a un investigador doblado por la mitad devolviendo todo lo que tenía en sus entrañas cuando contempló la que lié en un vagón de metro.


Pero no lo podía dejar pasar. La oportunidad estaba allí, con todos ellos en el mismo vagó, y se me presentó tan irresistible que no pude evitar sucumbir a mi antojo...

Hace poco intenté el más difícil todavía: sentir emociones normales. Humanas. Así que invité a cenar varias veces a una joven, una chica que me gustaba, pero el resultado fue nefasto. Me temo que las relaciones sociales no son lo mío, aunque se me dé bien la ingeniería social.

Pero no podía dejar que una persona que me hubiera rechazado quedara impune. Y, menos aún, que me hubiera atrevido a dar el paso en el día de San Valentín.

Si, habitualmente, el día me decía poco per se, ahora mucho menos. Y, si le podía dar alguna significación, esta era amarga.

No contestaba a mis llamadas, me evitaba, ninguna comunicación por vía digital. Hasta pidió un traslado de ciudad en su empresa para poner aún más tierra de por medio.

El día de San Valentín había pasado, ahora tenía que hacer algo para compensarlo.

Algo sangriento.

Primeramente creé la necesidad. Me enteré de algún familiar cercano que viviera en la ciudad, que le importara lo suficiente como para venir hasta aquí, y que estuviera completamente indefensa.

Le tocó a su hermana.


Me regodeé en lo traumático, lo confieso, pero con eso salió enseguida de su madriguera y no tardó en llegar aquí.

Y, curiosamente, las exequias van a ser el día 29 de febrero.

Para mi cumpleaños.

Un regalo magnífico.

Sé que no me espera, sé que piensa que no me voy a acercar, que le tengo miedo, que con un sólo click me va a mantener a raya, que una muralla de policías se interpondrá entre los dos y no podré ni acercarme, pero se equivoca.

Se equivoca completamente.

Estoy deseando ver su cara cuando me tenga frente a frente, cuando mis ojos carentes de luz la miren y le digan que es la elegida para ser mi regalo de cumpleaños, sólo porque se lo merece, por el desprecio con el que me ha tratado, por haberme alejado de ella y maltratado como a un pelele.

Vlad tiene sed.


San Valentín ya pasó.

Llega mi cumpleaños bisiesto.



TALKING HEADS - Psycho Killer


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MICRORRELATO "LA CULPA ES SUYA"

LA CULPA ES SUYA

Era una noche cualquiera, y aquel joven indefenso les pareció idóneo a los cinco para asaltarlo y divertirse con él. Parecía frágil, roto, y no aguató la primera, un rodillazo en el estómago, así que ni contemos el resto de la tunda que recibió de manos de la pandilla.

Postrado de rodillas ante ellos, doblado sobre sí mismo, escupiendo arcadas de sangre, logró balbucir:

"Tenéis que iros de aquí".

Se rieron. Eran cinco. ¿Qué iba a poder hacerles un debilucho como aquel a ellos? No sólo eran jóvenes, en forma, que cumplían con su cuota en el gimnasio, sino que iban puestos, además, con una buenísima combinación de metanfetaminas y cocaína, regada con abundante alcohol.

"Lo siento... La culpa es suya...", se lamentó el chico con un gemido apuntando al cielo nocturno.

Sobre el oscuro cielo, brillando sobre sus cabezas como una pálida moneda, una redonda luna llena los observaba, con los cráteres dibujando un triste rostro que se les antojó a algunos de ellos, a pesar del trance de las drogas, como más triste de lo habitual.

"La culpa es de la luna", rugió en plena mutación la víctima, que se fue convirtiendo ante sus ojos en un aterrador monstruo peludo de enormes fauces llenas de afilados dientes que chasquearon en el sepulcral silencio nocturno.


Apenas sí tuvieron tiempo de gritar.

Sus chillidos de horror se apagaron tan rápidamente como sus vidas. Luego, sólo los sonidos de masticación de la criatura, nutriéndose de la carne de sus cuerpos.

Wolf Music Instrumental - Full Moon (YouTube)




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RELATO "ÚNETE A LA FIESTA"

ÚNETE A LA FIESTA

Estaba agotada. Llevaba horas en aquella fiesta, bebiendo, bailando, y pasándolo como nunca en su vida. Había sido una muy buena idea seguir a aquel chico hasta allí.

Tenía carisma: poeta, compositor,... Artista, en definitiva. Se expresaba como un dios, era capaz de seducir con sus palabras a cualquiera, con aquel acento suave, delicado, casi de caricia que empleaba al hablar.

Pero ya estaba cansada. Necesitaba volverse a casa. Notaba el vestido empapado pegarse a su cuerpo, el sudor, cada vez más helado, deslizándose pesadamente por su piel, en un lento lametón que descendía de un modo casi parsimonioso por su dermis hasta llegar a sus pies, maltratados tras las horas de baile sobre unos elegantes pero incómodos zapatos.

Era curioso, lo del frío.

Cada vez hacía más y más allí dentro.

Miró a su alrededor en busca de su amiga, pero no la vio. Habían venido juntas, pero hacía rato que no la veía, perdida en aquella penumbra que la rodeaba, donde los cuerpos se confundían los unos con los otros y ya no era capaz de decir si estaban bailando o follando en la misma pista de baile.


Súbitamente, una sensación de mareo la asaltó.

¿Le habría echado algo aquel joven autor en su copa?

Unas manos la sujetaron en el aire, impidiendo que se precipitara al suelo.

Alzó una mirada de ojos turbios hacia su salvador, observando con sorpresa que era el joven compositor de versos que la había conquistado con aquella mirada clara y una lengua de seda.

"Demasiada bebida, supongo", le dijo con una sonrisa.

"No me encuentro bien", balbució, mirando a su alrededor.

"Espera, aún es pronto para que nos vayamos a casa", le dijo el muchacho, tomando su rostro entre las manos y depositando un dulce beso en su boca.

Sintió un escalofrío.

Sus labios estaban helados.

Todo lo que la rodeaba era gélido.

"¿Y mi amiga?", gimió asustada.

Por toda respuesta, él giró su cabeza y señaló con un golpe de mentón a un lugar indeterminado situado a su izquierda. La joven giró su cabeza, contemplando con horror el rostro de su amiga, con los ojos en blanco y un rictus de pánico esculpido en sus facciones, con la tez completamente blanca, mientras dos chicas tenían sus rostros pegados a su cuello y la cara interna de uno de sus brazos, respectivamente.


Un hilo de rojo escarlata brilló en la oscuridad, cayendo al suelo y formando un charco en derredor a la ya moribunda, mientras los dos seres de la noche continuaban con su alimentación. Una de ellas alzó su rostro, mostrando una expresión salvaje, casi animal, en su cara antes de dedicarle una fiera sonrisa y volver a hundir los afilados y enormes caninos que lucía en su boca.

"Únete a la fiesta", oyó susurrar al joven poeta en su oído, dulcemente, antes de sentir que sus colmillos penetraban en su carne y la desagradable sensación de la succión de su sangre en la boca del monstruo.


Luego perdió el conocimiento.

BLUTENGEL - Reich mir die Hand




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jueves, 26 de marzo de 2015

MICRORRELATO "UNA PARTIDA ON LINE"


UNA PARTIDA ON LINE

La pantalla del ordenador parpadeó. Abrió el buscador de internet y escribió la dirección URL en la barra de búsqueda.

Esperó.

Un parpadeo y el televisor se tiñó de negro, apareciendo unas figuras confusas en tonos apagados y no pocas salpicaduras de sangre tiñéndolo todo. De fondo, sonidos de cadenas arrastrándose, de gritos de desesperación, y de crujir de huesos.

Unas letras desgastadas con el nombre del juego lo invadieron todo: DEAD BREAK.

El subtítulo no dejaba lugar a dudas sobre el juego: "te lo pasarás de muerte".


Se registró y comenzó a jugar. El argumento, de lo más sencillo: una epidemia zombi que se ha podido controlar y en la que todos los infectados han sido recluidos en un presidio, pero en el que, por alguna extraña razón, no ha habido comunicación desde hace semanas.

La cosa estaba en introducirse con un equipo de élite dentro del presidio y ver qué había pasado.

Comenzó el juego. Se descolgó por una gruesa maroma desde un helicóptero hasta el pabellón en el que daba inicio la partida. El cañón de un arma con su mira telescópica se materializó ante sus ojos.

Apareció una hermosa zombi ante sus ojos. Lástima que estuviera zombificada, porque estaba para...

"Bienvenido a la partida. Pasa y juega con nosotros", le dijo la chica, tendiendo sus brazos hacia él.


Estupefacto, con los ojos desencajados de horror, vio dos pútridas manos salir a través de la pantalla como si no fuera más que la cortina de agua de una cascada que los separara, unos dedos que se curvaron sobre la carne de sus hombros y, luego, sintió el tirón, un fuerte jalón que lo catapultó de lleno al terminal de imagen de su ordenador.

No cesaba de aullar de horror a medida que cruzaba al otro lado, integrándose en el código del juego, formando parte de él para toda la eternidad.


MEGAHERTZ - Zombieland






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RELATO "VENID A POR MÍ"

VENID A POR MÍ

Corro, casi sin aliento, hendiendo jirones de niebla, atravesando las tinieblas para alejarme del horror.

Corro, con los pulmones ardiendo en mi pecho, con miedo a mirar atrás, sintiendo sus pasos cada vez más cercanos a mí, con las armas preparadas, listos para abrir fuego en el mismo instante en que me vean, con los dedos prestos a apretar los gatillos en cualquier instante.

Me ha engañado.

Me he dejado atrapar por ella, por su belleza, por su encanto, hechizado como si estuviera bajo el influjo de las notas del flautista de Hamelín.

Esta vez ha sido Caperucita la que ha atrapado al lobo sin necesitar ayuda alguna, va a ser ella quien devore su carne y se ría ante su pellejo sanguinolento colgado ante el fuego para que secar cuanto antes la sangre adherida, la que le escupa a su calavera sin ojos con el más profundo de los desprecios.


Necio.

Estúpido necio...

Conozco el bosque muy bien, pero esta niebla no es normal. Así que corro a ciegas, sintiendo el frío de la noche mordiendo mi piel mientras el sudor me empapa, haciendo que la sensación térmica sea aún peor.

Entonces me tengo que para en seco.

Estoy al borde de un precipicio.

Malditos sean, malditos sean todos ellos.

Yo no tengo la culpa de ser así, de cargar con este peso, con esta maldición que se perpetúa en mi sangre desde tiempo inmemorial.

Esta noche está maldita, es como si vinieran a reclamarme desde el mismísimo Averno, exigiéndome el pago de mi alma.

Escucho su voz, con ese timbre de seductora que la caracteriza.

"Ven, lobito. ¡Sólo queremos jugar contigo!", se ríe.

Maldita sea...

Miro al cielo, en busca de un consuelo que sé que no encontraré, en busca de un refugio que me es negado, y me llega, por entre la niebla, el reflejo de plata del rostro de mi madre.

Selene me mira desde las alturas, con su rostro apenado, impregnado en una profunda tristeza.

Está bien, si así lo quieren, que así sea...

Lo libero. Dejo salir a la bestia que aguarda en mi interior, la criatura que no cesa de llamarme bastardo, cobarde, inútil. Me ruge para que le libere, para que suelte fuera todo el poder que representa, toda la ira y la furia que aguarda ardiendo en un fuego latente en mi interior.


Surge el vello hirsuto. Me crujen los huesos. Mi piel se estira y se vuelve más densa, más dura. Veo surgir las garras en mis manos y el hocico emerger, prominente, ante mis ojos.

Escucho una voz a mis espaldas.

"¡Está ahí!", escucho chillar con miedo un instante antes de que las primeras balas pasen a mi lado aullando como arpías y la noche se llene de agudos estampidos.

El aire huele a pólvora.

También huele a ella.

Pronto olerá a sangre.


Con el último atisbo de humanidad que me queda, me giro hacia ellos y les aúllo a pleno pulmón: "¡Venid a por mí!".

Y me arrojo sobre ellos, abrazando mi destino sin miedo, con absoluta fiereza.

DANNY ELFMAN - Wolf Suite, Part 1



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