martes, 18 de noviembre de 2014

MICRORRELATO "ASÍ SEA"

ASÍ SEA


La chica posó, mostrando toda su belleza.


–Quiero ser eternamente bella –le dijo, arrogante.

–Así sea –dijo el Diablo, pulsando el botón de la cámara.

Y, en aquella toma, Satanás le arrebató su alma.





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lunes, 10 de noviembre de 2014

RELATO "EL RELOJ"

Se metió entre las sábanas tiritando. No podía entenderlo. Había ejecutado el ritual como se explicaba en internet, en aquella página sobre saberes arcanos, había hecho el sacrificio de la propia sangre efectuándose un profundo corte en la muñeca, había matado a sus padres y a su hermana degollándolos para hacer el sacrificio de los inocentes,... y nada.

No obstante, sentía frío, mucho frío. Un frío inhumano.

Pero no era por el corte. Lo había taponado y vendado, y hacía un rato que ya no sangraba. Bueno, a lo mejor era por la pérdida de sangre.

Cerró los ojos.

Escuchó unos pesados pasos por el pasillo que lo sobresaltaron, haciendo que se despertara y su mente se despejara de inmediato. No podía ser, no había nadie vivo en la casa. Y no podía ser la policía; era imposible que alguien hubiera llamado. Los había matado sin hacer ruido, degollándolos por la garganta y dejándolos ahogarse en su propia sangre, cálida y borboteante.

Un sonido de respiración pesada y resollante, como un búfalo, retumbó en las paredes con tal fuerza que pudo ver partículas de polvo y fragmentos de yeso desprenderse de los tabiques y el techo a la pálida luz de la pantalla de su radio despertador.

De pronto, los suaves fragmentos que descendían pesadamente ante sus ojos se fueron convirtiendo poco a poco en una suave nevada de fuego que comenzó a prender los enseres y las cortinas del cuarto.

Pero aquel frío no se iba; de hecho, podía ver su aliento dibujarse ante sus ojos, escapando entre sus trémulos labios que no dejaban de tiritar.

Miró el reloj del radiodespertador. Hizo un cálculo rápido: seis horas y casi seis minutos después de haber efectuado el ritual.

Entonces se abrió la puerta y su alma se condenó ante la simple visión del horror que se dibujó entre las sombras, por entre la nevada de fuego que caía del techo.




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